Cuando la moda hace parte de la revolución

Un grupo de artistas venezolanos conforma la Generación 0212, un movimiento de resistencia pacífica que hace frente a la crisis.

“Un movimiento de resistencia también puede darse en un taller de fotografía”, dice —en medio del caos venezolano— la modelo Victoria Bozo, de 24 años. No mide más de 1,65 y, aunque su voz es dulce, en su rostro hay algo andrógino. Tiene el pelo corto, poco maquillaje y rasgos delicados, como los de un niño. La suya es una de esas estéticas difíciles de olvidar después de verla en algún book de moda.

 

Ella, junto a 24 jóvenes, forma parte de la Generación 0212: un movimiento social que surge como una contracultura, que no se opone a los parámetros de la belleza venezolana, pero que los cuestiona y busca transformarlos por medio de acciones artísticas. Exaltan los ‘defectos’ físicos, utilizan prendas vintage y crean editoriales de moda que evocan una época de paz mientras Venezuela atraviesa un momento crítico en su historia. Ellos son la resistencia creativa que desafía los pensamientos opresivos y, con otro lenguaje, continúa en protesta pacífica.

 

 

Gritar desde el arte

 

“No queremos quedarnos callados, pero tampoco nos identificamos con la forma –a veces violenta– en la que se está protestando. No somos fotoperiodistas, no registramos las manifestaciones, eso no nos gusta. Aquí encontramos una motivación para hacer lo que nos mueve, para no hundirnos a pesar de las circunstancias”, explica Constanza Ramírez, integrante del colectivo.

 

Santiago Méndez, de 18 años, es uno de los fotógrafos. Su casa queda en una zona vulnerable, en las afueras de Caracas. Las dificultades lo amarran, pero no lo detienen. No tiene la última cámara del mercado ni la preparación académica de los grandes retratistas y, sin embargo, la pasión se le siente en el habla y se ve reflejada en su trabajo: una estética impecable con un significado poderoso.

 

Méndez ganó el 50% de una beca para estudiar fotografía en uno de los Institutos más reconocidos de Milán, Italia. Sin embargo, su situación económica le imposibilitaba pagar lo restante, motivo por el que inició una campaña de recolección de fondos. “Quisiera quedarme en el país, pero oportunidades como esta no se pueden dejar pasar. Mi objetivo sigue siendo el mismo: volver y ofrecer mi arte al país”. Como Santiago, miles de jóvenes talentosos buscan salir de Venezuela para trazarse un futuro distinto, con la firme ilusión de regresar.

 

 

La inseguridad es el principal obstáculo para esta nueva generación, a la que tanto le gusta ‘patear calle’. Con una inflación que podría llegar a 1.500% al final del año y un control cambiario asfixiante, el alquiler y la compra de equipos llegan a precios inalcanzables. Por la falta de inversión editorial hay pocas publicaciones de moda. Los diseñadores más importantes se han abierto a otros mercados y cada vez es más complicado conseguir la ropa para realizar las sesiones. Durante los meses de ardientes protestas de calle, se les dificultó encontrar locaciones seguras, y trasladarse a ellas era una cruzada. Pese a ello, tomaron las adversidades como un estímulo y no como un impedimento.

 

La estilista de moda Daniela Benaim recuerda con cariño cómo en los lugares más estigmatizados han ocurrido las sesiones más bellas. Así sucedió en Petare, el barrio popular más grande de Venezuela y el más poblado de América Latina, un lugar en donde reinan el delito y la impunidad. En ese día de fotos, participantes de la Generación 0212 sentaron un precedente en la comunidad cuando utilizaron la iglesia principal como set de grabación. Los habitantes se unieron, los niños salieron en las fotos, la ropa fue puesta y dispuesta, la energía recorría los callejones y por un momento se habló de otra cosa diferente a las balas.

 

El espíritu de cocreación es quizás el elemento más distintivo de este movimiento, explica Daniela. Entre todos se fueron conectando por las ganas de luchar y de no dejarse vencer por la inseguridad;  por el hambre de crear, de atreverse a salir de la rutina y de desafiar la crisis, la falta de oportunidades y la decadente industria de la moda en Venezuela; por querer proponer algo distinto en una sociedad machista, cuyo referente principal es Miss Venezuela; por insistir en que la lucha también consiste en encontrarse con el otro.

 

 

Más allá de Miss Venezuela

 

En Caracas, una de las ciudades con los índices delictivos más altos del mundo, la preocupación de las niñas radica en cambiar el cabello rizado por uno más liso. A los 15 años desean tener los senos más grandes y se inicia así una competencia entre mujeres que, en ocasiones, las obliga a someterse a operaciones agresivas. Para Bozo, estos parámetros son difíciles de romper, y los certámenes como Miss Venezuela promueven una belleza artificial bastante nociva, ya que “nadie elige el cuerpo en el que nace”.

 

Bajo esa premisa, Victoria utiliza su apariencia como herramienta para enviar un mensaje y convertirse en agente de cambio. Sus fotos representan un atractivo distinto. La moda es empleada como medio creativo para transformar convenciones negativas en una nueva apreciación de la belleza. “Mientras más amplia sea la concepción de la belleza, mayor será la riqueza cultural de una sociedad”. Las tendencias internacionales lo reafirman: modelos con vitiligo, dientes separados, dimensiones variables del cuerpo y distintos tonos de piel.

 

La valoración de la diferencia por encima de la perfección es una idea que también propone este movimiento. Daniela Benaim, por ejemplo, inspira su arte en Tavi Gevinson y Petra Collins, mujeres creativas que están promoviendo bellezas distintas, la igualdad de género, los derechos de las mujeres, la creatividad y el empoderamiento.

 

Desde hace tres años, Benaim realiza un evento llamado Retazo Caracas, que consiste en ropa de segunda mano reformada por diseñadores venezolanos para apoyar una causa social. Este año atenderán a una organización de prostitutas llamada Ámbar (Asociación de Mujeres por el Bienestar y la  Asistencia Recíproca), que ofrece un plan B a niñas y mujeres adultas y de la tercera edad que están insertas en condiciones desfavorables como trabajadoras sexuales.

 

En las fotos de William Alava, el fotógrafo más joven de la Generación 0212, aparecen chicos usando faldas y esmalte. Su concepto consiste en incluir distintos perfiles de personas sin importar su color de piel, identidad u orientación sexual. La diversidad es su gran influencia y llegó a este movimiento con ganas de crear un contenido que sirva para generar consciencia, pero, sobre todo, para encontrar un escape de toda la situación del país. “Se trata de no ver la crisis como un obstáculo, sino como una motivación para crear, tomar lo mejor de ella y con orgullo decir: pude lograr esto en dictadura”.

 

El joven expresa que este no es un grupo exclusivo ni cerrado; están abiertos a que nuevos talentos se integren. La idea es fijar como base la colaboración en vez de la competencia. Se llaman así porque 0212 es el código de área telefónico de Caracas, con el cual todos se sienten identificados.

 

 

Aunque este es un equipo conformado únicamente por venezolanos que viven actualmente en el país, la mente creadora fue una joven emigrante que, con nostalgia por su lugar de origen, decidió registrar quiénes son los jóvenes que pertenecen a este movimiento de resistencia creativa. Esta idea de Valeria Romano llamó la atención de importantes editoriales en Italia, como la revista Vogue.

 

“El proyecto ‘The 0212 Generation’ nace para impulsar el mundo de la moda y la estética, para que, cuando sea el momento del cambio en Venezuela, sepamos que contamos con personas talentosas que conservan la convicción y el compromiso”. Para Valeria, la crisis es la mayor ventaja y la mayor desventaja, ya que en los tiempos de decadencia es cuando la creatividad se convierte en un recurso para resolver problemas. Sin embargo, es la misma crisis la que infunde miedo y desasosiego. Un contexto crítico pero estimulante para quienes se atreven a desafiarlo.

 

Estamos hablando, entonces, de una resistencia coherente, que se mantuvo después de que pararon las manifestaciones diarias. No son anárquicos, aunque se identifiquen con la producción ‘guerrilla’. Cuidan muy bien el mensaje de cada pieza para transmitir valores positivos. Son jóvenes que anhelan un cambio en el país, para no tener que abandonarlo, porque aman su tierra. Crean arte con la menor cantidad de recursos. Y están haciendo ruido, uno distinto, que no sale en noticieros ni alarma continentes.

 

Como dice Victoria Bozo: “Pareciera que no se ve ni un poquito de luz, pero a la crisis hay que tomarla como un trampolín, sacar lo mejor de ella para hacer cosas nuevas, porque de ahí salen las soluciones. No podemos repetir las mismas fórmulas, tenemos que luchar desde nuestra experticia. Así es nuestra resistencia”.

 

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